Mauro es uruguayo, pero llegó a México hace 15 años y Andrea es veracruzana, su historia aunque curiosa, estaba escrita a suceder como una clásica rom-com. Por azares del destino, Andrea y Mauro comparten familia, y fue en el nacimiento de una sobrina donde nos vieron por primera vez, y aunque se encontraban en etapas distintas de la vida, el flechazo sucedió.
La vida parecía empeñada en no juntarlos. Andrea se mudó a Mérida y después a Puebla, mientras él se quedaba en Veracruz, así que sus rutas nunca coincidían. Tuvieron momentos cómicos: como un Año Nuevo Mauro llegó tarde y Andrea me fui temprano; otra vez, el destino los separó el uno al otro en ciudades distintas, como si el universo tuviera sentido del humor. Pasaron años de saludos de familia, mensajes esporádicos y miradas cruzadas en celebraciones donde siempre había alguien más alrededor.
Durante la pandemia en una celebración íntima por primera vez desde aquel primer flechazo, la vida se encargó de que fuera el momento indicado para que las conversaciones fueran torpes, dulces y llenas de risas nerviosas; eran dos adultos que, pese a conocerse de años, redescubrían la posibilidad de una historia juntos.
Paso a paso, entre llamadas, escapadas cortas y largas charlas nocturnas, crearon un nosotros. Cuatro años después de novios, se diron el "sí" en Mérida.
Mirando atrás, todo tiene sentido: los cruces fallidos, las mudanzas, los encuentros familiares y las decisiones tomadas con cuidado. A veces el amor llega de formas inesperadas, y cuando llega, convierte las anécdotas en recuerdos que se cuentan con risa y ternura.
“De tip les podemos decir que fluyan lo más que puedan, aunque suene cliché, recuerden que lo más importante es que se van a casar. Se sabe que siempre habrá algún detalle, pero no dejen que nada apague ese sentimiento tan bonito que vivirán. Concéntrense en la magia y aprovéchenla. Y también tengan mucha comunicación antes, durante y también después para seguir reviviendo ese día tan especial”, nos comparte Andrea.
Dato curioso: La boda fue viernes civil, sábado boda y domingo tornaboda en la playa. Llovió a cantaros el jueves y lunes, pero el optimismo entre Andrea y Mauro perduró y no se estresaron porque sabían que disfrutarían todo lo que les tocara vivir. Así que fueron muy afortunados de tener el clima perfecto los tres días de su fin de semana de nupcias.
La recepción fue una fiesta suave. En las mesas se hablaba de anécdotas, de cómo el amarillo del anillo había empezado todo: de una joyería donde, sin planearlo, ella había señalado ese tono entre otros y él había sabido que era la señal. Los invitados comentaban que la boda reflejaba «a ellos» —la espontaneidad y el buen gusto— y eso fue, quizá, el mejor cumplido.
La decisión de arriesgar con un festejo al aire libre no fue una apuesta solo al clima, sino a la posibilidad de vivir algo genuino, imperfecto y hermoso. La combinación del amarillo y el ivory no solo decoró el espacio; nos contó: que somos alegres sin dejar de ser elegantes, que nos gusta lo espontáneo con estructura, que la vida compartida puede ser a la vez divertida y clásica.
“Disfrutamos cada segundo del día pero creo que el highlight fue nuestro baile de novios porque hicimos una mini coreografía donde disfrutamos mucho las clases y también nos íbamos a la playa a practicar o en cualquier momento que tuviéramos entonces cuando nos tocó bailar estábamos muy emocionados, ¡y lo disfrutamos muchísimo!”.
Detalles
Wedding Planners: FH Weddings @fh_weddings / Fotografía: Pony Weddings @pony.weddings Rusell Arkoo @rusellarkoo / Video: BSALAS Films @bsalasfilms / Venue: Hacienda San Juan Opichén @hda.sanjuanopichen / Flores: Más Que Ayer @masqueayer.studio / Papelería y diseño grafico: Porotta @porotta.art
